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önce Korku hikayeleri kategorisinde (12.8k puan) tarafından
Recuerdo haber iniciado la noche en la carretera, manejaba una camioneta tipo pick-up de esas que se usan en lo ranchos, había salido de la casa de mi hermano hace apenas media hora cuando me di cuenta de que me estaba quedando sin gasolina. Toda la noche tuve este sentimiento de intranquilidad, como que algo podría pasar, pero cuando divisé a lo lejos las luces provenientes de la estación de gasolina, supe que todo estaría bien, que solo estaba cansado y me estaba sugestionando. Al llegar a la estación, sucedió algo bastante raro, mi hermano, al que acababa de dejar en su casa, se encontraba ahí. Me sorprendió mucho verlo, pero todo fluyó con naturalidad, me tranquilizaba no estar solo. Después de haber llenado el tanque de gasolina era momento de partir y continuar mi camino en soledad.

Recuerdo muy bien a mi hermano advirtiéndome sobre la neblina, «No manejes rápido, en tramos no se ve nada, ve con cuidado,» yo no recuerdo la neblina antes de llegar a la estación, de hecho, la luna brillaba bastante alumbrando la noche oscura. Pero una vez saliendo de ahí, el camino se tornó oscuro, estaba gris, la niebla era espesa en tramos y como si mi hermano la hubiese visto ya, no veía nada más a uno o dos metros de distancia de los faros de mi camioneta.

Mi corazón comenzó a latir más rápido y mi respiración se agitó, era esa sensación de nuevo que no me dejaba en paz. Inconscientemente iba pensando en todas las cosas que podrían salir mal, pero jamás podría haberme imaginado lo que pasó a continuación. Vi destellos en frente de mí, y fue como si la luz cortara de repente la neblina. Una camioneta bastante parecida a la mía se aproximaba a mi zigzagueando, su conductor parecía exaltado y preocupado, me hacía señas dándome a entender que no tenía ningún control sobre el vehíc**o. Sabía que algo andaba mal y no debí haber salido tan noche, sentí que era así como iba a terminar y estaba resignado, cuando una fuerza que no sé de donde salió me obligó a maniobrar y esquivar a la camioneta antes de que chocar. Aminoré la velocidad tratando de entender qué es lo que había pasado, perdido en la nada comprendí que probablemente un accidente con la camioneta hubiera sido mejor a lo que estaba viendo. Estaban por doquier, había cuerpos tirados por toda la carretera, algunos estaban completos, otros, eran solo partes de un cuerpo que había tenido vida. Era descomunal, eran demasiados, traté de esquivarlos con la camioneta, pero me fue imposible. A medida que avanzaba podía sentir cómo las llantas destrozaban la piel de aquellos desafortunados, escuchaba el crujir de las articulaciones ya endurecidas por el rigor mortis, los cráneos explotando bajo el peso de la camioneta dejando salir todo el material visceral que en él se encuentra. Parecía una escena trágica de un accidente automovilístico masivo, pero no había automóvil alguno, solamente alcancé a ver algunas partes de metal, como si aquel vehíc**o donde viajaban estas personas hubiese sido destrozado en su totalidad y dejado sólo una que otra prueba de su existencia.

No sabía por qué miraba constantemente el retrovisor para asegurarme de que todo seguía igual, hasta que se me vino a la cabeza la imagen del conductor que había visto hace poco, pude ver en su cara el terror, estaba sufriendo un ataque de pánico, su lógica había desaparecido y solo quedaba de él aquel instinto animal de supervivencia que nos lleva tan lejos. Esta vez, amplié la imagen de mi recuerdo y fue ahí que lo vi: el cofre de su camioneta estaba lleno de cuerpos. No eran partes ni restos de los cuerpos que pudo haber atropellado en su descontrol, sino cuerpos aferrados a las partes metálicas, a cualquier pieza cóncava a la cual pudiesen aferrarse. Era por eso mi miedo, ¿qué tal que esos cuerpos, como en las películas, se levantaban llenos de odio, furiosos por su interrumpido descanso, ansiosos de liberar su ira contra mí? ¿o contra cualquier cosa a su paso?

Preocupado y ansioso revisaba mis espejos, para cerciorarme de que nada me estaba siguiendo, estaba acelerado y no pensaba en otra cosa cuando de repente desperté, cubierto en sudor, con el corazón acelerado y la mente desordenada. Miré el reloj: 3:33am, no pude volver a dormir esa noche.

Ese mismo día, mi hermano me invitó a su casa a cenar.

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